Trastornos de ansiedad que afectan a los niños

Niños con ansiedad
Niños con ansiedad

Si a su hijo o hija le atormentan pensamientos como que hay un monstruo en el armario, podría estar experimentando un trastorno de ansiedad. En este padecimiento, el menor se preocupa en exceso con tensión e irritabilidad ante pensamientos irracionales.

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¿Cómo diferenciar un temor propio de la edad de un trastorno de ansiedad? La ansiedad es un trastorno caracterizado por la presencia de pensamientos irracionales acerca de una situación particular, como por ejemplo: “Se van a burlar de mí cuando exponga”, “Si mi mamá se va sin mí le puede pasar algo malo”. Estos pensamientos se presentan de forma muy rápida y sutil en las personas, por lo que ellas muchas veces no se dan cuenta de que está teniendo estos pensamientos y mucho menos de su irracionalidad.

Quien lo experimenta siente miedo, angustia y su organismo reacciona con palpitaciones aceleradas o aumento del ritmo cardíaco, sudoración, temblores, sensación de ahogo o de atragantarse, opresión, náuseas, mareos y/o escalofríos. En otras palabras, el cuerpo reacciona físicamente ante los pensamientos irracionales que atormentan la mente.

Este tipo de sensaciones son comunes tanto en niños como en adultos. Dentro de los trastornos más frecuentemente experimentados por los niños están:

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Trastorno de ansiedad generalizada. Es el que experimenta aquel niño a quien los padres llaman “nervioso”, porque de todo se asusta, a todo le tiene miedo. No puede escuchar “un ruidito” porque ya se imagina una tragedia. Todo este miedo es acompañado de una sensación de angustia y desasosiego, e incluso muchas veces experimenta dichas sensaciones sin causa aparente.

Trastorno obsesivo compulsivo. Se caracteriza por la presencia de pensamientos recurrentes acerca de un tema específico, los cuales generan un alto grado de angustia. Muchos de estos pensamientos implican un “mandato” y, como reacción al temor y la preocupación que generan, el chiquito “obedece” buscando que  desaparezca el pensamiento y la angustia que desata. Los temas frecuentes de las obsesiones son que si no hacen “x “ actividad, sus padres morirán o a ellos se pueden morir o enfermar.

Trastorno por estrés postraumático. Se desatan síntomas ansiosos ante el recuerdo o la experimentación de una situación traumática, sea que el niño la vivió, fue testigo de ella o se la contaron. Por ejemplo, recuerdos de un accidente cuando se pasa por el lugar. Este trastorno es propio en niños que han tenido experiencias traumáticas, como un accidente de tránsito, una emergencia por causa de un huracán o un terremoto, etc.

Trastorno de ansiedad por separación. Se da cuando el menor siente un miedo irracional a separarse de personas importantes, pues piensa que algo malo sucederá por causa de dicha separación. Un ejemplo es que un niño piense: “No quiero que mi mamá vaya al trabajo porque la pueden matar.” Puede ocasionar que el chiquito llore, grite y se descomponga cada vez que su mamá se va a trabajar, o al menos queda muy angustiado.

Fobia social. Es el temor a ser evaluado en público, llámese exponer, competir, participar en una obra de teatro, por ejemplo. Va más allá de la timidez, el niño se bloquea por el miedo a que lo observen y, por tanto, no puede desempeñarse.

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Fobia específica. Ocurre cuando el niño desarrolla temor a un objeto específico, como  los perros, las tormentas o los cuchillos. Acá se incluye el caso de la fobia escolar. La fobia escolar puede deberse a que el niño se encuentre experimentando alguna situación desagradable.

Mutismo selectivo. Algunos niños sienten gran angustia de hablar con ciertas personas, lo cual ocasiona que se niegue a dirigirles la palabra. Por ejemplo, hay maestras que en todo el año no le conocen la voz a uno de sus estudiantes. Estos niños no tienen problemas del habla ni de lenguaje, lo que tienen es miedo, angustia de hablarles a ciertas personas, pero sí hablan con otras, por ejemplo, sus compañeros.

¿Cómo enfrentar los trastornos?
Es fundamental ayudar al niño a identificar los pensamientos irracionales que provocan el miedo y enseñarle a enfrentarlos.

En el caso de los chiquitos más pequeñitos, se pueden representar los pensamientos por medio de títeres; de esta manera, ellos puedan ver de manera concreta cómo sus pensamientos los hacen experimentar miedo.

En el caso de los chicos más grandes, se les puede enseñar a identificar la parte irracional de sus pensamientos escribiéndolos y subrayando la distorsión, para luego enfrentarla cada vez que se presenta. Dicho enfrentamiento se hace mediante ideas valientes que son frases estructuradas que dan poder al niño. Otra opción es practicar ejercicios de relajación para niños o contarles cuentos que ayudan a modelarle al niño conductas para enfrentar sus miedos.

Lo más importante es enseñarle al niño que valiente no es el que no le tiene miedo a nada sino el que sabe enfrentar sus miedos.

Fuente: Grupo Nación.

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