¿Qué hacer cuando tu hijo no quiere regresar a clases?

Niños escuela
Niños escuela

Hace unas semanas, la historia de Diego, un niño español de 11 años que decidió acabar con su vida porque no quería regresar a clases, puso este tema en la palestra y sacudió las redes sociales. Antes de saltar por la ventana de un quinto piso, escribió una carta a sus padres donde decía que no quería volver al colegio y esa era la única manera de evitarlo. ¿Qué produjo ese fatal desenlace? Es algo que aún se investiga. Sin embargo, en su momento se habló de bullying.

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Más allá de este caso, el hostigamiento escolar es una realidad en Costa Rica y, por lo tanto, debería ser uno de los motivos por considerar. Los datos hablan por sí solos. Durante el 2015, la Contraloría de Derechos Estudiantiles del Ministerio de Educación Pública (MEP) recibió 248 denuncias por matonismo, distribuidas en 157 quejas de acoso físico, 83 de tipo verbal y ocho por Internet, informó La Nación recientemente.

Pero el bullying no es la única causa que lleva a los niños a decir “no quiero ir a clases”. Maltrato o conflicto con algún profesor, resistencia a ciertas materias y miedo al fracaso por no haber obtenido buenas notas el año anterior, podrían ser otras. Los estudiantes que ingresan por primera vez a preescolar, a primer grado, a sétimo año o quienes cambiaron de institución, también pueden experimentar resistencia.

En los adolescentes, el temor a lo desconocido, a enfrentarse con más materias y un mayor número de profesores, así como tener que acoplarse a un nuevo grupo de amigos, produce inestabilidad. Los niños pequeños, por su parte, suelen estar ansiosos por alejarse de su casa. Asimismo, es necesario indagar si el estudiante está enfrentando situaciones como baja autoestima, un cuadro depresivo o problemas familiares. Finalmente, se podría ver si la negativa obedece al deseo de extender las vacaciones y no tener que ajustarse a nuevos horarios.

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Las expertas insisten en que la comunicación es vital para detectar y manejar casos como los descritos. Por eso, recomiendan conversar con los niños y adolescentes, dejarlos expresar sus sentimientos, validarlos, y estar atentos a ciertas señales.

Los padres deben poner especial atención cuando observan cambios en sus hijos ya sean paulatinos o repentinos: bajas significativas en el rendimiento académico, apatía hacia la institución, que hablen mal de sus educadores y compañeros, tengan mal humor, falten con las tareas, o se muestren descuidados o inapetentes. También se debe tener cuidado si presentan problemas para dormir o duermen demasiado, cuando no entregan los exámenes ya revisados o bien,cuando tiene numerosas llegadas tardía.

Una vez detectado el origen del comportamiento, se deben tomar acciones. Todo dependerá del caso, pero pueden ser: establecer estrategias de motivación y técnicas del estudio, potenciar las capacidades del menor para resolver conflictos, fortalecer su autoestima, solicitar la intervención de los docentes o recurrir a un profesional en el campo.

Tomado de www.nacion.com

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