Vaginoplastia: La vagina perfecta

El deseo de tener una “vagina perfecta” ha llegado a los quirófanos, aunque no por una necesidad relacionada con la salud. Durante los últimos tres años, de acuerdo con estadísticas del Hospital Italiano, se han triplicado las consultas sobre las cirugías íntimas. Nunca antes se había recibido en los consultorios a tantas mujeres dispuestas a someterse a las crueldades del bisturí con un mismo pedido: mejorar la imagen, la forma y hasta el color de su órgano sexual.

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Los profesionales piden cautela. Dicen que este tipo de cirugías puede traer serias complicaciones -quemaduras, raspaduras en el capuchón del clítoris o derivaciones de una mala cicatrización- e incluso, contra la fantasía de muchas mujeres, una atenuación del deseo sexual.

El peso de la pornografía

“Muchas mujeres llegan con una revista porno en la mano como modelo de sus aspiraciones -señala Claudia Marchitelli, jefa del sector de patología vulvovaginal e infecciones ginecológicas del Hospital Italiano-. Con raras excepciones de mujeres que padecen hipertrofia de los labios menores u otras patologías, les explicamos que la forma de su órgano es normal, que no requieren de ninguna clase de intervención y que, esencialmente, ninguno de estos tratamientos mejorará su placer sexual. El orgasmo se obtiene por la estimulación del clítoris.”

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¿Vulva o vagina? No significan lo mismo. Pero a menudo, y debido a su propio tabú, suelen confundirse los términos. Blackledge señala que “en el siglo XXI seguimos viviendo en un mundo donde la imagen más habitual de los genitales femeninos es la que promueve la industria pornográfica, es decir, una imagen negativa y vergonzosa. La pornografía -diseñada por varones para el consumo de varones- guarda muy pocas similitudes con la variedad y la belleza de las vaginas sin adulterar”.

vagina

¿Cómo es la vagina perfecta? Hay tantas variedades como mujeres existen. Los especialistas consultados coinciden en un punto: igual al de una niña de 12 años. Les hacen creer a las mujeres que son defectuosas si no tienen la vagina de una niña.

La doctora Mónica Milito, cirujana plástica y reconstructiva, cuenta que la mayoría de las mujeres multíparas -es decir, las que han dado a luz más de una vez- argumentan que al tener un canal vaginal muy amplio ya no pueden disfrutar de las relaciones sexuales. “Los músculos pierden tono y elasticidad, y el conducto vaginal se agranda. De modo que quieren reducir nuevamente el tamaño. Es algo muy pedido.”

La demanda más frecuente entre las cirugías es la labioplastia de reducción de labios menores. Sergio Korzín, cirujano plástico, precisa que “los labios menores sobresalen de los labios mayores y muchas mujeres se quejan de las molestias que eso les provoca al usar calzas o pantalones ajustados. Pero la mayor incomodidad es estética. Quieren tener lo que se llama cameltoe (en referencia a lo que se ve cuando una mujer usa un pantalón demasiado ajustado, y que en algunos casos puede resultar sexi). Básicamente, quieren una vulva juvenil, donde los labios menores no se notan”.

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Marchitelli dice que en el Hospital Italiano se realizan cirugías solo cuando se trata de atrofias o patologías graves, o cuando el costo sicológico de la paciente es muy alto. Pero no se realizan intervenciones del punto G ni blanqueamientos vulvares y de otras zonas íntimas, una práctica que suele ser promovida con mucha liviandad por ciertas celebridades.

“Lo desaconsejo completamente -coincide Milito-. En la zona vaginal cualquier intervención puede producir quemaduras. Ciertas mujeres vienen con el pedido de que se borre el color oscuro de los labios, que están hiperpigmentados. Pero la melamina actúa como una defensa en las zonas donde hay más fricción y, además, luego vuelve a pigmentarse.”

En su libro Vulva, la revelación del sexo invisible, Mithu M. Sanyal repasa la historia cultural del genital femenino y escribe un contundente manifiesto en favor de la visibilidad de un órgano habitualmente ocultado, deseado y temido. “Como escribió el escritor Natachee Scott Momaday, ganador de un premio Pulitzer -cita-: «Somos nuestras representaciones. Nuestra misma existencia consiste en las imágenes que nos hacemos de nosotros mismos. Lo peor que puede sucedernos es que no haya representaciones de nosotros».”

O peor aún: que sean representaciones adulteradas, como las vaginas de diseño dictadas por los cánones de belleza que hoy impone el bisturí.

Foto: Archivo Eme de Mujer